viernes, 4 de mayo de 2012
Quién moldea a quién
Por Katharina, de Círculo de Madres
Veo que somos unas cuantas las que empezamos a sentir una cierta inseguridad respecto a cómo tenemos que actuar en situaciones en las que nuestros hijos se ven metidos en una pelea con otro/s niño/s.
Supongo que eso se debe a que, al ir creciendo, su socialización aumenta, pero no lo hace de un día para otro. Si los adultos con más frecuencia de lo deseado nos vemos envueltos a veces en discusiones o polémicas más pasionales que racionales, cómo no iba a suceder con los niños, en los que todavía no ha arraigado la costumbre de vivir en sociedad.
Ante situaciones de este tipo hay padres que optan por dejar a los niños que resuelvan por ellos mismos sus conflictos. Eso está muy bien, pero no significa que no se les deba orientar, porque no han aprendido todavía a hacerlo de manera que el resultado sea útil.
Parece que intervenir, ordenando el diálogo entre ellos, para que verbalicen sus diferencias en lugar de dejarse llevar por el impulso físico, es interpretado, a veces, como sobreprotección.
¿Es eso? ¿Sobreprotegemos a los niños?
Ayudarles a aprender a gestionar sus deseos de manera que respeten las necesidades y la voluntad del otro y que, a su vez, hagan respetar las suyas propias, ¿es eso sobreprotección?
Pienso que esa pregunta es clave y que ahí reside una parte importante de los problemas con los que nos encontramos en situaciones de socialización, como el parque.
Por una parte, el comportamiento del niño es achacado a la madre o al padre. Que el niño no comparta, o que pegue, que se muestre agresivo, o esquivo o que no quiera jugar con otros niños, nos genera frustración a los padres. Porque, aunque lo que deseamos por encima de todo es la felicidad de nuestros hijos, nosotros mismos nos evaluamos constantemente a través de su desarrollo, de su crianza, de su adquisición de conocimientos, de actitudes...
El niño que un día prefiere jugar solo a hacerlo con otros niños, en general, lo hace por eso, porque así lo prefiere. No le supone frustración. Porque podía elegir y lo ha hecho. Nos frustra a nosotros, los padres, porque nos genera inseguridad sobre las causas que a nosotros, adultos, nos llevarían en su caso a preferir la soledad a la compañía; la integración en el grupo a la autoexclusión. Es decir, interpretamos su estado como lo haríamos con un adulto, pero olvidamos que su modo de proceder no es el de un adulto y que sus necesidades no son las mismas.
Evidentemente, que un niño agreda a otros niños, o que no comparta, no debe ser potenciado. No es una conducta de respeto y, al final, provoca que quien agrede no sea respetado. Pero la agresión es un modo de demostrar que hace falta aprender a expresar esa conducta de otra manera; a verbalizarla y a buscar alternativas al 'no' rotundo. Y eso, para un niño, sólo se aprende si un adulto le guía, paso por paso. Sólo se aprende por imitación. Como se aprende, también, gran parte de lo socialmente censurable.
El otro día en el parque lo hablaba con otra mamá, que además es maestra. Ella suele permanecer siempre muy cerca de su hijo, y cuando éste no quiere jugar con otros niños, ella se presta a jugar con él. Algunos papás consideran que a esta edad, el estar tan 'pendiente' de los niños dificulta su madurez. Pero esta chica me dijo algo que me pareció tremendamente lógico y que tiene que ver con el hecho de que lo que vemos de lejos cuando los vemos jugar son los grandes detalles (un bofetón, un empujón, esas lágrimas por aquí...), pero nos perdemos aquello que es muy pequeñito, que pasa desapercibido y que se archiva en la cabecita, pero que queda sin entender. Supongo que se refería a pequeños rechazos del grupo, a palabras feas, a imposiciones que, entre iguales, puede que no tengan la intensidad que se les presupone en un primer momento, pero que son muy importantes en el establecimiento de las relaciones afectivas y de amistad.
En fin, ¿qué opináis?
miércoles, 21 de marzo de 2012
A jugar con el bastón
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| Barbara Burani, "Anciano" |
Un día el pequeño Claudio jugaba en el zaguán, y por la calle pasó un anciano con los lentes de oro, que caminaba encorvado, apoyándose en un bastón, y precisamente delante del portón se le cayó el bastón.
Claudio fue presuroso a recogérselo y se lo dio al viejo, que le sonrió y dijo:
-Gracias, pero no me sirve. Puedo caminar muy bien sin él. Si te gusta, te lo regalo.
Y sin esperar respuesta se alejó, y parecía menos encorvado que antes.
Claudio permaneció allí con el bastón entre las manos sin saber qué hacer.
Era un bastón común de madera, con el mango curvo y la punta de hierro, y no se notaba nada más especial. Claudio golpeó dos o tres veces la punta en el suelo, después, casi sin pensarlo montó en el bastón y he aquí que no era más un bastón, sino un caballo, un maravilloso potro negro con una estrella blanca en la frente, que se lanzó al galope alrededor del patio, relinchando y haciendo salir centellas de los guijarros.
Cuando Claudio, un poco maravillado y un poco asustado, logró poner el pie en el suelo, el bastón era nuevamente un bastón, y no tenía cascos sino una sencilla punta oxidada, ni crines del caballo, sino el mismo mango encorvado.
-Quiero probar de nuevo -dijo Claudio, cuando logró recobrar el aliento.
Montó de nuevo el bastón, y esta vez no fue un caballo, sino un solemne camello con dos jorobas- y el patio era un inmenso desierto para atravesar, pero Claudio no tenía miedo y observaba desde lejos, para ver aparecer el oasis.
- «Ciertamente es un bastón encantado», se dijo Claudio, montándolo por tercera vez.
Ahora era un automóvil de carreras, todo rojo con el número escrito en blanco sobre el capó, y el patio una pista ruidosa, y Claudio llegaba siempre el primero a la meta.
Después, el bastón fue una motonave y el patio un lago con aguas tranquilas y verdes, y después una nave espacial que surcaba los espacios, dejando tras de sí una estela de estrellas.
Cada vez que Claudio ponía el pie en tierra el bastón tomaba su aspecto pacífico, el mango lúcido, el viejo herrete. La tarde pasó rápida entre aquellos juegos.
Hacia la noche Claudio se asomó hacia la carretera, y he aquí que ve al viejo con los lentes de oro.
Claudio lo observó con curiosidad, pero no pudo ver en él nada de especial: era un viejo señor cualquiera, un poco cansado por el paseo.
-Te gusta el bastón?, preguntó sonriendo a Claudio. Claudio creyó que se lo pedía, y se lo alargó, enrojeciendo. Pero el viejo hizo señal de que no.
-Tenlo, tenlo, dijo. ¿Qué hago yo con un bastón? Tú puedes volar, yo sólo podré apoyarme. Me apoyaré en el muro y será lo mismo.
Y se fue sonriendo, porque no hay persona más feliz que el viejo que puede regalar alguna cosa a un niño.
Gianni Rodari
lunes, 20 de febrero de 2012
Si pinto mi cara
con muchos colores
y adorno mi traje
con cintas y flores,
si canto canciones
y llevo antifaz,
ríete conmigo
porque es carnaval.
C. Muscarsel
martes, 14 de febrero de 2012
Reciclar, jugar, crear, aprender, disfrutar...
Por Meia, de Círculo de Madres
Acabo de aterrizar en el blog Reciclando en la escuela. Es el blog de Marta, asturiana y maestra en una escuela rural, y en él muestra los trabajos que realiza con estos niños, de 3 a 7 años, y también los que realiza con sus propios hijos en casa. Marta se atreve con todo tipo de materiales para dar rienda suelta a la creatividad de los pequeños: botellas de plástico, de vidrio, tapones de corcho, hueveras, alambres, tornillos y tuercas, piedras y cualquier resto de tela, papel, madera le sirven para hacer cosas tan simpáticas como estas.
lunes, 13 de febrero de 2012
Piececitos
Piececitos de niño,
azulosos de frío,
¡cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!
¡Piececitos heridos
por los guijarros todos,
ultrajados de nieves
y lodos!
El hombre ciego ignora
que por donde pasáis,
una flor de luz viva
dejáis;
que allí donde ponéis
la plantita sangrante,
el nardo nace más
fragante.
Sed, puesto que marcháis
por los caminos rectos,
heroicos como sois
perfectos.
Piececitos de niño,
dos joyitas sufrientes,
¡cómo pasan sin veros
las gentes!
Gabriela Mistral
viernes, 10 de febrero de 2012
Melasmas y algo más
Por Meia, de Círculo de Madres
Ayer fui a la cita con la dermatóloga para lo de mis manchas. Las tengo desde el embarazo, puede que antes ya empezaran a aparecer con los tratamientos hormonales: total, que llevo el mapa de África en la frente.
Me confirmó que eran melasmas y que ella lo trataba con un peeling químico que lo suavizaba mucho. Fue bastante sincera, me dijo que la que se mancha, se mancha, y que siempre tendré la piel manchada. Que se puede aclarar mucho hasta hacerse casi imperceptible, pero que tengo que protegerme del sol de por vida. Buf.
Para el peeling químico ya es tarde, dice que en marzo ya no hace porque hay demasiado sol, así que quedamos en que el próximo invierno me haría el peeling, preferiblemente en navidad, y así me despellejo cual lagarto en la intimidad de mi casa. Una, que para eso de mudar de piel es pudorosa.
Mientras tanto me aconsejó una crema despigmentante suave y protección a saco.
Y luego vino lo bueno. Se me ocurre decirle que qué me aconsejaba para el destrozo de piel que la despigmentante de Martiderm me hizo, que si bien me ha aclarado el tono, también me ha dejado la piel descolgada.
Empieza a decirme que sin problema, que con ácido hialurónico se retensa la zona de las mejillas y pómulos, y hasta estas ojeras eternas que mi abuela tuvo a bien dejarme en herencia en lugar de su hermosa mata de pelo negro, se quedarían más planas con otro poquito aquí y aquí, me dice señalándome.
"¿Mmm? ¿Otro poquito? ¿Pero estamos hablando de cremas?", pienso. Ay mi madre, que ésta se ha lanzado a un cambio radical, y yo pensando en potingues...
-Perdona, me estás hablando de inyectar, ¿no?
-Sí, claro, pero yo sólo inyecto productos naturales que se reabsorben, quedarías completamente natural, tu cara, pero más joven.
Jesúsmaríayjosé... Agujas en la cara a mí... ¿Natural, dice? Y empiezo a mirarla con atención, que me había parecido a mí que tenía una cara algo rara... i tant!, como que no mueve el entrecejo ni estreñida, ¡ésta lleva botox!, y quiere que me ponga yo hialurónico, que debe de valer un pastizal, que dice que se reabsorve, lo que traducido viene a ser "te dejas la pasta, te pincho la cara, te dejo neumática y en 6 meses ni rastro", espera, que me da la risa de hiena, ¡muuuhahahahahaha!
-¿Y qué precio tiene?
Soy mala, pero es que reír rejuvenece el espíritu, y últimamente me lo tienen algo apaleao.
-350 las mejillas, 350 los pómulos y 350 las ojeras, ¿te lo apunto?
-Ay, sí sí sí, gracias.
"¡Muuhahahahahahaha!" Sonrío muy comedida y educadamente doy por terminada la consulta (gratuita) con un "vale, pues la llamo para el peeling pasado el verano y a ver si no se me oscurece mucho."
Casi 1000 del ala, y hay quien se los gasta en intentar recolocarse la cara un tiempito... ¡Pues menudas sesiones de limpieza y masajitos en la cara me da mi Susi por 25€, que salgo con un relajo, un lustre de cara y diez años menos, anda ya!
Así que este verano volveré de incógnito a la playa. Cara escayolada con protección total, gafotas de sol de Crispín Jander Clander, bandana calada hasta las cejas estilo andamio y pamela. Susi, te llamo.
jueves, 9 de febrero de 2012
Estrenamos nueva imagen
Por Meia, de Círculo de Madres
Hoy estamos de estreno: tenemos nueva imagen y logo, diseñado por Sarai Llamas (¡gracias, eres genial!) y creemos que refleja muy bien quiénes somos. Es un diseño fresquito, colorido y muy... ¿circular? Sarai me pidió que le contase sobre nosotras y le hablé de la complicidad, de las diferencias, del cariño y del respeto. De esta pequeña tribu y de estos niños que tardaron tanto en llegar, y que ahora son un poco de todas. De lo distintas que somos, de la suerte de teneros.
El logo es especial. Es un mandala, algo que representa a la perfección este espacio. Los mandalas son representaciones simbólicas que tienen una intención espiritual. Se dice que las formas concéntricas sugieren una idea de perfección (de equidistancia con respecto a un centro) y de que el perímetro del círculo evoca el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza. ¡Vaya! Pues creo que nos merecemos un mandala, por perfectas, y por ese fluir instintivo con la naturaleza. ¿O no? ;-) Los mandalas también se usan en rituales mágicos (los círculos mágicos), son espacios sagrados... y bueno, algo de eso hay aquí, ¿no os parece?
Pero si miráis el logo enseguida veréis que ahí estamos todas. Somos nosotras, vistas desde arriba, brazos abiertos, manos que se tocan. Cada una distinta de la otra, creando un hermoso arcoiris. Es una rueda de color, un enorme abrazo que gira alrededor de nuestros hijos, que también aparecen en el centro, juntos, abrazados por todo el círculo. Un poco hijos de todas.
¡Esperamos que os guste!
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